sábado, 19 de febrero de 2011

La Naturaleza de la Evaluación de Procesos y Estrategias de Aprendizaje

“La evaluación debería considerarse como un proceso y no como un suceso y constituirse en un medio y nunca en un fin”
Pedro Ahumada Acevedo, 2001

Qué sabias palabras las de mi tocayo las cuales reúnen mi sentir sobre este proceso tan delicado y que muchas veces se toma muy a la ligera sin tomar en cuenta las consecuencias que generan al final del aprendizaje en el alumno.

Rosales en 1990 comparte por medio de una línea del tiempo los aportes de diferentes expertos en lo que llamó “Evaluar es Reflexionar sobre la enseñanza”, y del primero que habla es de  Tyler (1949, 1975) y su comparación constante de los objetivos programáticos y los resultados del aprendizaje del alumno, ¿quién de nosotros no ha hecho esto en algún momento de nuestro desarrollo como docente?. Esta acción es la que se conoce con el nombre de metaevaluación, de la cual habló Kemmis en 1986 y definió la evaluación como “el proceso de proyectar, obtener, proveer y organizar informaciones y argumentos que permitan a las personas y grupos interesados participar en el debate crítico sobre un programa específico”. Otro aporte importante desde mi punto de vista es el que realizó Scriven (1967) cuando consideró el valor de la enseñanza por encima de los resultados.

La calidad en la información que se maneje (Claridad, Oportunidad, Validez y la Amplitud) ayudará en las decisiones que se puedan tomar sobre la enseñanza y así lograr que la evaluación equilibre los procedimientos experimentales –pruebas, trabajos, informes, etc.- y los naturales –el razonamiento, lo intuitivo, etc.-. Dichas decisiones según Cronbach (1963) deben ser tomadas por expertos o como bien los llamó Eisner (1979, 1985) artistas de la evaluación –en otras palabras el profesor-. Recuerdo las palabras de mi profesor de laboratorio de física 3 que decía: “Nosotros los docentes debemos ser los mayores ilusionistas del mundo para trasladar al muchacho con nuestras palabras hacia el maravilloso mundo de la Física”. Yo no se si existe algún status científico de la evaluación desde el punto de vista del uso de las metáforas y los modelos físicos y entre éstos y el contenido teórico como lo planteó House en 1986, pero de algo estoy seguro, mi profesor de física lo lograba.

        Para complementar a lo antes expuesto está el aporte significativo de Macdonald (1971) y su evaluación holística haciendo hincapié en la observación como técnica que de manera progresiva sustituya las de carácter formal, es decir romper paradigmas en la evaluación. Se hace cuesta arriba que todavía tenemos docentes de la llamada vieja escuela que se resisten a estos cambios y mantienen la evaluación como un castigo, como la espada de Damocles, a la que hay que temer durante la enseñanza de unos contenidos que probablemente no pasen a ser un aprendizaje significativo para el alumno. Para estos casos debe existir una luz como lo plantean Parlett y Hamilton (1972) y su “Evaluación Iluminativa” en la cual la evaluación no sólo debe abarcar los resultados de la enseñanza, sino la totalidad de la misma.

        Entre Macdonald, Parlet  y Stake (1975) existen muchos factores comunes como lo holístico, la flexibilidad, los resultados y los procesos. Pero difiero de Stake cuando indica que la evaluación debe estar al servicio del docente y que adicionalmente dicho proceso conlleva a un enjuiciamiento –uno más de la vieja escuela que utilizó la espada de Damocles-.

A pesar que para mí no hay un concepto único que sirva como barita mágica y que se adapte a la naturaleza de la evaluación de procesos y estrategias de aprendizajes ya estoy seguro que cada uno de nosotros realiza un compendio de las propuestas de todos y cada uno de estos expertos encontrados en la lectura de Rosales me quedo con lo expuesto por Fernández en 1986 con respecto a la evaluación educativa, donde la misma mantiene una estrecha vinculación con el cambio en la actuación del docente y en la educación del alumno así como en la modificación sustancial de las  instituciones, ya que el evaluar no es sólo recoger información, sino que dicha información genere un valor significativo que se desprenda de la asociación y comparación de la información recogida convirtiéndose en el medio para la mejora cualitativa de la educación.

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